RE-SIGNIFICAR EL CUERPO: Cruces entre la Danza Movimiento Terapia y el Teatro Corporal de Étienne Decroux

 

No es posible conocer sino lo que se hace.

Maturana

 Si los hombres se parecen por sus conchas, habría que abrirlas.

Decroux

 

decru 1La pregunta sobre el cuerpo está constantemente  reuniendo  saberes y conciencias inquietas que no conformes con el lugar que occidente le ha otorgado, inquieren sobre su real dimensión y su vínculo con los aspectos inmateriales de nuestra  naturaleza,  de allí nace la interrogante sobre cómo volver a sentir que somos y tenemos un cuerpo vivo, que además aunque suene extraño, es un cuerpo pensante que crea y conoce.

Este artículo tiene su origen en mi  investigación en torno a la corporalidad, tanto en contextos terapéutico-creativos, como en el ámbito de las artes escénicas y surge como una búsqueda personal detonada  por las inquietudes  de las diversas poblaciones que como danza/movimiento terapeuta he guiado,  así como por mis propios procesos artísticos.

Hace  unas décadas atrás la ciencia ha empezado a aceptar lo que otros campos del saber manifestaban desde antaño, que no existe división entre el cuerpo y la mente. Desde lingüistas como Lakoff y Jhonson, quienes sostienen que lo que llamamos mente no es una substancia independiente de nuestra experiencia corporal,  más aun mente y cuerpo son aspectos de un proceso orgánico (Johnson,  2001),  hasta   la neurociencia con aportes como los de Damasio o las enormes contribuciones a la psicología del desarrollo  de Stern quien manifestara que “el sentido del Self no es un constructo cognitivo, es una integración experiencial”, es decir, no nos construimos a partir del saber racional, sino a partir de cómo integramos nuestras vivencias subjetivas e intersubjetivas (Stern, 1985, p. 95); han ido configurando un  conjunto de  re-descubrimientos que  ha echado por tierra la visión descorporeizada de la mente y el lenguaje que acuñara Descartes, y con ello el dualismo, según el cual la mente es superior y el cuerpo un títere;  queda obsoleto.

Así la teoría de la mente encarnada o corporeizada (Embodiment) que varias disciplinas sostienen, desde la psicología cognitiva, hasta la neurociencia, es uno de los basamentos que nos llevan a reafirmar que mente y  cuerpo funcionan como un todo.

El arte en sus diversas disciplinas concibe, a su vez al ser humano como hacedor de procesos creativos  en los que es indisociable la experiencia concreta, física y sensomotora, de la creación inmaterial que suscita, de esta forma componentes esenciales del arte como el símbolo y la metáfora, tienden a evocar y transmutar la experiencia emocional y perceptual en una “otra cosa” o producto estético que se convierte en un mecanismo para sacar a la luz la vivencia, en palabras de Étienne Decroux “para que el arte sea, se necesita que la idea de la cosa sea dada por otra cosa” (Decroux, 2000, p. 91)

decru 2

Es así como a mediados del siglo XX surgen las psicoterapias creativas que, entre otras  cosas, serán un puente entre el psicoanálisis y la capacidad transformadora y sanadora del arte. Para estas modalidades psicoterapéuticas la creación, como proceso, trae consigo la emergencia de símbolos y metáforas que cotidianamente  están en nosotros, pero que por diversos motivos no interpretamos ni hacemos conscientes. De esta forma el arte a través de diversos significantes nos muestra significados, evoca emociones y percepciones que nos conducen a reintegrarnos y re-conocernos para provocar el cambio y así enfrentar de mejor manera los devenires vitales.

La Danza Movimiento Terapia (DMT) es una de estas psicoterapias, se basa en el principio según el cual cuerpo y mente son partes inseparables de un todo, así la DMT considera que el movimiento corporal va a reflejar emociones y pensamientos internos, de esta manera el cuerpo y su movimiento son medios, que en este contexto psicoterapéutico, permiten generar procesos de cambio psicológico los cuales conllevan un mayor equilibrio y por ende una mejor salud.

 Cruces y articulaciones: El ser, estar y hacer de Decroux  

Dentro de todo este panorama de re-descubrimiento del cuerpo y su vínculo indisoluble con la experiencia, el pensamiento, el lenguaje y la creación; tomé las bases de la Mima Corporal, ese arte “otro” cimentado por Étienne Decroux, uno de los grandes maestros del teatro contemporáneo occidental,  y empecé a vincularlo, al inicio intuitivamente, con mis prácticas como Danza/Movimiento terapeuta; basándome, en primera instancia, en que el creador francés  centró el arte del actor justamente en su cuerpo, como  aquel factor esencial que permite materializar pensamientos y sentimientos en escena, de tal manera que, de acuerdo a Decroux, el cuerpo termina lo que el pensamiento y el lenguaje no pueden (Decroux, 2000, p. 145).

Es así que, dentro de esta concepción del arte teatral, el oficio del actor está ligado estrechamente a la creación de acciones corporales , la necesidad mueve al creador en escena a reaccionar mediante una suma de acciones en tiempo presente y así evocar sensaciones, emociones o pensamientos, construyendo  metáforas y símbolos corpóreos.

Basado en su experiencia como obrero y en su enorme capacidad de observación,  Decroux entiende que la necesidad motiva a la acción, en ese sentido busca el rescate de movimientos instintivos y naturales. Considero que allí hay un punto de encuentro importante entre el análisis creativo de Decroux y lo que busca la Danza Movimiento Terapia, esa danza espontánea e instintiva, esas reacciones naturales, el hacer más allá de las formas y lo estético que revela quienes somos. Así  el padre del Mimo Corporal nos habla de la armonía como satisfacción de una necesidad, armonía que la rutina, el trabajo o el estrés, entre otros factores, nos quitan y que el arte, tanto en su vertiente estético-escénica como en su rol sanador a partir de las terapias creativas; nos devuelve. El crear como un acto humano esencial provoca el encuentro con nosotros mismos,  el re-conocimiento de nuestra identidad y también de aquello que deseamos transformar.

decru 3La Mima Corpórea, tal como la define Decroux “es una serie de acciones presentes” (Decroux, 2000, p. 189), es el arte de la presencia que se desarrolla en lo concreto de la experiencia corporal a diferencia de la palabra que más bien se caracteriza por evocar aquello que no está, lo ausente, por medio de signos convencionales decodificables y arbitrarios. El Mimo Corporal Dramático en cambio es un arte que se genera a través de la sucesión de acciones corporales en el aquí y el ahora; estas ocurren, por tanto,  en un tiempo-espacio; y en este sentido conjuga, a través de su propuesta esencial como un arte de acción,  tres verbos.  En primer lugar ser, porque el cuerpo es presencia, existe y se manifiesta en movimientos naturales e involuntarios como por ejemplo la respiración. Este cuerpo humano está en aquí y ahora, se enmarca en un contexto con el que interactúa siempre aunque sea de forma indirecta, en este sentido conjuga el estar; finalmente re-acciona ante aquello que le ocurre, interviene el mundo y ese es el hacer.

Así mismo es posible en la Danza Movimiento Terapia identificar la relevancia de estos tres verbos, en la medida en que esta modalidad psicoterapeútica busca la toma de consciencia corporal, la escucha interior, la conexión con el espacio, el enraizamiento o grounding, e implica el abordaje terapéutico del movimiento, la danza espontánea y la acción corporal en el ámbito grupal e individual.

Finalmente, en este primer acercamiento, me gustaría referirme al concepto de inmovilidad móvil, acuñado por Étienne, este “equilibrio inestable”, esta quietud relativa que en la Danza Movimiento Terapia se hace tan necesaria para frenar la tendencia de seguir por inercia un movimiento no consciente, esa necesidad que las terapeutas en DM vemos cuando se hace perentorio interrumpir el pensamiento discursivo y focalizar la atención en el movimiento interior, por ejemplo de una respiración, dirigiendo la mirada entonces hacia el propio cuerpo, sus flujos, sus bloqueos y sus necesidades.

En suma, la propuesta artístico-creativa decrouniana centra sus bases en un cuerpo que está en un espacio-tiempo determinado con el cual se interrelaciona, traduciéndose esto en la exploración de las dimensiones, niveles espaciales y los ritmos dinámicos que surgen a partir del hacerse cargo del peso y las diversas tensiones y distensiones musculares de ese cuerpo vivo.

A partir de estos elementos, he propuesto un cruce entre la Danza Movimiento Terapia y el ser, estar y hacer bajo la concepción de la Mima Corporal, pues en ambos casos el cuerpo, sus dinámicas, acciones y movimientos son centrales, confluyendo también en el hecho de que sólo a partir del hacer, de la experiencia, del cómo, se puede llegar a un qué dentro de este concepto de creación. Por supuesto siempre teniendo en cuenta las especificidades de ambos campos y considerando que la creatividad es un proceso, que cuando no está orientado a un producto meramente escénico-estético, permite renovar y transformar al sujeto re-significando y re-valorando el contenido simbólico por sobre las formas.

Lo anterior devuelve al cuerpo su lugar como centro de la experiencia, el pensamiento, la creación y el lenguaje y por ende lo erige como el lugar idóneo para buscar un cambio a nivel psico-físico, una mayor salud y una transformación de los patrones que nos limitan y nos impiden asumir la tarea de vivir plenamente.

Este no busca ser un artículo acabado, la experiencia va nutriendo estos cruces y correspondencias, el tiempo y los aprendizajes nos dirán si son válidos los nexos y suficientemente buenas las interrelaciones entre estos campos.

Por lo pronto, si ha servido de ayuda a quienes desean conocer más sobre la Mima Corporal y la Danza Movimiento Terapia o preguntarse por las relaciones multidisciplinarias que hoy sustentan los distintos saberes y experiencias, no duden en comentarlo y difundirlo, el conocimiento es de todos y lo construimos colectivamente, sólo así se valida y se nutre.

 

Referencias

Decroux, E. (2000). Palabras sobre el mimo, México, D. F.: El Milagro.

Johnson, M. (2001). Metáforas de la vida cotidiana, Madrid: Cátedra.

Maturana, H. (1984). El árbol del conocimiento, Santiago de Chile: Ed. Universitaria.

Stern, D. (1985). El mundo interpersonal del infante. Una perspectiva desde el psicoanálisis y la psicología evolutiva. Buenos Aires: Paidós.

 

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